Si cambia el fútbol, no puede extrañarnos que cambien los futbolistas. Los jugadores actuales son hijos de un tiempo en el que ser famoso da derechos. También representantes de un fútbol que, subido encima de la globalización, aumentó su prestigio social, comercial y cultural. Un buen número de futbolistas ya obran en consecuencia. Aquel futbolista discreto y algo misterioso, mutó en superhéroe, en ‘influencer’, en símbolo identitario. Este verano tuvimos dos ejemplos cercanos.

