El Villarreal se impuso con absoluta claridad a un Oviedo que volvía a jugar en Primera 24 años después. Una cita histórica que no ocultó que, hoy por hoy, hay una distancia sideral entre ambos equipos. La diferencia entre un proyecto asentado en la máxima categoría y un recién ascendido a la misma. Y es que un auténtico sufrimiento le espera al Oviedo por delante. Más allá de la mística que supuso el regreso de Santi Cazorla a Villarreal, donde disputó 334 partidos y fue homenajeado por una afición entregada a la leyenda del fútbol español, los ovetenses deben aprender a competir en la élite. Y más ante rivales de la enjundia del Villarreal, un contrincante Champions, que pasó por encima del Oviedo. Una superioridad en la que tuvo que ver, también, el equipo que dirige Paunovic. Por ejemplo, el Oviedo falló un penalti a los 13 minutos. Un error de Foyth en la cesión permitió a Ilyas adelantarse a Júnior. El claro penalti lo lanzó Rondón, una de las caras nuevas del Oviedo, de manera muy deficiente. Al medio y sin fuerza, el meta despejó con cierta facilidad el balón. Llamó la atención la baja forma del delantero venezolano.

