Inglaterra estaba contra las cuerdas. No solo necesitaba una victoria. Necesitaba, más allá de recuperar su fútbol, cambiar su actitud. Y lo logró. Frente a Países Bajos resolvió sus problemas de salida de balón, de presión y de vulnerabilidad. Se encontró consigo misma, conectando mejor y con mayor fluidez, liderada por una Keira Walsh que movió al equipo. Las neerlandesas poco pudieron hacer: desaparecidas, sin soluciones ante la asfixia inglesa, acabaron cediendo ante una avalancha en la que Inglaterra no se detuvo hasta su cuarto gol. Inglaterra despertó a tiempo, cambió la actitud y reencontró el fútbol, imponiéndose con autoridad y dominio, mostrando una versión más cercana a la campeona que fue.

