Por el Madrid no pasan las semanas. Está como en mayo.<strong> Más pesadote, con alguna espesura en la circulación, con chicos nuevos que están comprobando en sus propias carnes que hay que comer muchas sopas para jugar en el Madrid</strong>, pero con el mismo espíritu de siempre: ese equipo irreductible al que hay que matar para sacarlo del campo con los pies por delante.

