El atletismo de altos vuelos regresa a Múnich, al parque olímpico, al estadio tan hermoso en el que hace 50 años Mariano Haro, que había preparado los 10.000 metros en la altura de Bogotá, se estampó contra el milagro de la sangre oxigenada que hacía volar a un policía finlandés llamado Lasse Virén. Treinta años después, en los Europeos de 2002, eran los españoles los que, buenos estudiantes, mejores aprendices, practicaban los milagros de la sangre que hicieron multiplicar sus medallas en el tartán de Múnich bajo la red acristalada del techo. Marta Domínguez, Alberto García, Jiménez Pentinel, Reyes Estévez, José Ríos, Julio Rey, Paquillo Fernández, y sus médicos mágicos lideraron una cosecha de 15 medallas (seis de ellas, de oro, casi la cuarta parte de todas las conseguidas en la historia), que colocaron a España segunda en el medallero final e hizo, como recuerda un entrenador español de entonces, que desde todos los demás países les miraran como se ha mirado siempre también a los rusos, ¿qué no harán estos para ganarlo todo?

