Pasan los años, desfilan los jugadores y hasta los técnicos, cambian los rivales, las pelotas y las marcas patrocinadoras, pero siempre se da la misma constante en el Palau, pues el Barcelona canta una y otra vez el alirón. Puede que en esta ocasión le haya costado más de la cuenta después de digerir dos tropiezos insospechados —frente al Granollers y el Valladolid—, dos batacazos que por extraños e inusitados, ponen la incertidumbre en el futuro inmediato azulgrana, ahora centrado en los cuartos de final de la Champions que se dirimirán en las próximas dos semanas, escala obligatoria para alcanzar la Final Four de Colonia. Se batirá con el Pick Szeged húngaro, verdugo del potente PSG y contrincante del Barça en la fase previa, con una victoria pírrica en el Palau (31-30) y un empate en Szeged (29-29). Si bien ya se verá que sucede con ese laurel, la liga vuelve a tener nombre y apellido, pues el equipo superó al Anaitasuna (39-25) para decir sanseacabó, para festejar 15 entorchados consecutivos, el número 32 de la historia, muy lejos ya de los 13 del Granollers y 11 del Atlético de Madrid.

