Nada en la Champions ha sido más extremo estos años que la manera de ganar del Real Madrid, funambulista de noches imposibles, un equipo que ha caminado por los filos más afilados sin que le subieran las pulsaciones, desconcertando rivales que caían bajo el peso de algo que consideraban absurdo. Y que lo era. También son extremas sus caídas. Los gigantes, en tanto que gigantes, se derrumban con estrépito. El equipo de Ancelotti se hundió desorientado en 2023 en Mánchester bajo el mazo del City (4-0) y se derritió dos años después en Londres abrasado por la convicción meticulosa del Arsenal y la puntería de Declan Rice, que embocó dos tiros directos asombrosos. El tercero de Mikel Merino colocó la posibilidad de que el Real alcance las semifinales el miércoles que viene en el Bernabéu más allá de todo lo que haya logrado en estos años tan parecidos al realismo mágico.

