Wojciech Tomasz Szczęsny, mito de nuevo cuño del barcelonismo, no es el primer jugador culé que fuma y que lo admite sin rubor. Hace 13 años, el Camp Nou dio la bienvenida a un defensa desgarbado, algo pálido y con cierta indolencia para iniciar el juego desde atrás. Llegó de Valencia, previo pago de 20 millones de euros, con aura de muro infranqueable, pero terminó engullido por las arenas movedizas del banquillo de Luis Enrique. Un día, un periódico publicó una foto de Jeremy Mathieu sacándose monedas del bolsillo y comprando en una gasolinera una cajetilla de Marlboro. Ya no es que fumase, el tipo no tenía ningún problema en ir personalmente a la máquina a buscar su tabaco, como cualquiera con ganas de unas caladas después de comer. Diez años después, una Champions y casi ninguna noticia del defensa, otra foto, casi tan insólita para un futbolista de élite, ha dado la vuelta al mundo: Mathieu trabajando.

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