<strong>El Sevilla certificaba el 15 de mayo</strong>, con un gol de <strong>En-Nesyri </strong>en el Wanda, su tercera clasificación para la <strong>Champions</strong> consecutiva vía Liga. Nunca lo había conseguido. Por el hecho y las circunstancias, en un año que se recordará como el de la <strong>interminable plaga de lesiones</strong>, el éxito fue valorado en su justa medida por club y aficionados. Todos coincidían, sin embargo, en la necesidad de darle una <strong>vuelta de tuerca al proyecto</strong>. En abrir las puertas del vestuario y reiniciar un camino ya conocido, con el <strong>destino nuevamente fijado en la Champions</strong>. Pese a todo y ya a primeros de agosto, el Sevilla sigue con una plantilla similar a la del pasado año (pero, ojo, <strong>sin sus dos más valiosos jugadores</strong>), con sólo un fichaje (<strong>Marcao</strong>, sin debutar) y con las <strong>mismas deficiencias</strong> en el juego detectadas en la segunda mitad del pasado curso. <strong>Frágil en defensa, sin piernas en el medio y nulo en ataque</strong>. El Sevilla se enreda en sus dudas y no se ve una salida sencilla. LaLiga arranca en <strong>12 días</strong>.

