El drama de Alexandra Popp a media tarde en Wembley anticipó la amargura alemana, que por primera vez en su historia perdió una final de la Eurocopa femenina. Ocho de ocho acumulaba en 13 ediciones. La máxima goleadora germana primero torció su rostro de facciones duras y luego acható los labios. Qué maldición la suya en un torneo continental. Tuvo que esperar 114 partidos a debutar en una Euro; explotó de camino a la final con seis goles; proclamó su orgullo por haber ganado la “batalla” a las lesiones; y, cuando todos la miraban a ella, la atacante se acercó durante el calentamiento a su seleccionadora, Martina Voss-Tecklenburg, y le dijo que sus músculos no le respondían. En las gradas, una pancarta rezaba “Popp, save the team”, pero a la atacante no le quedó otra que refugiarse en la segunda fila del banquillo y posar la mirada no se sabe dónde.

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