El equipo afgano es probablemente el más ilusionado y feliz entre los más de 180 países que disputan la Olimpiada de Ajedrez en Chennai (India). Hasta hace unos días, cuatro de sus jugadores, que viven en Afganistán, temían ser multados o que les cortaran las manos por jugar al ajedrez, prohibido por el Gobierno talibán según la interpretación más radical del Corán. Ahora están autorizados, y eso les alimenta además una doble esperanza: que las niñas no tengan que abandonar la escuela a los 11 años, y que ello implique revocar la prohibición aún vigente de que las mujeres jueguen al ajedrez.

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