Después de marcar sus tres primeros goles en la Eurocopa, todos de cabeza, una de las llamadas de felicitación que recibió la alemana Alex Popp (Witten, 31 años) fue de Horst Hrubesch, “la bestia de los cabezazos”. Uno de esos delanteros tanque, altos y rubios, que durante los setenta y ochenta alimentó el temor de todos a la contundencia germana. El hombre, de 71 años, había dirigido brevemente a Popp en la selección y sintió la fuerza de la nostalgia al ver a su expupila descerrajar rivales por el aire, igual que él.

