Darwin Núñez hizo de Divock Origi —de nueve palomero, de recurso de segunda parte, de revulsivo de partidos sin dueño— para sentenciar en el descuento una final que el Liverpool ganó mucho antes de que se cumpliera el tiempo reglamentario. La Charity Shield, la Supercopa de Inglaterra, la cita más importante del verano futbolístico británico, se inclinó hacia el Mersey. Lo pagó el City, conquistador de la última Premier gracias a una consistencia defensiva que se disolvió en Leicester para disgusto del impotente Haaland.

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