Álvaro Martín (Llerena, 28 años) mira a su alrededor y alucina. El campus de la Universidad de Oregón es un entorno idílico para el deportista, con sus zonas verdes, sus residencias de estudiantes, su estadio de atletismo, su tradición deportiva y su cercanía al río Williamette y a sus interminables senderos, tan cubiertos de arboleda en algunos tramos que atravesarlos parece un viaje en el tiempo, del día a la noche, y vuelta a empezar. “Ojalá tuviéramos esto en España”, exclama el marchador, inquilino temporal de una vivienda en ese universo creado para ampliar conocimientos y ejercitar el físico.

