El Club Dejaditas Alcaraz luce con orgullo su bandera una y otra vez. Ya es medianoche y los dos muchachos que la sostienen en lo alto de la tribuna de la Caja Mágica gozan sin parar, entusiasmados con el juego del chico maravilla. Las palmas de los aficionados se enrojecen y los glúteos se tonifican de tanto subir y bajar, de hacer la sentadilla cada vez que el murciano hace una de las suyas ante Nikoloz Basilashvili, cada vez que genera y percute con esa derecha, ese revés y ese martillo que llega a disparar la pelota a 223 kilómetros por hora en el servicio. El georgiano aprieta al inicio del primer asalto y más en el segundo, pero lo hace solo para ganar tiempo: 6-3 y 7-5, en 1h 23m.

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