Parece mentira que una temporada pudiera generar tantas cuentas pendientes como las que todavía deben resolver Fernando Alonso y Lewis Hamilton. Desde que coincidieron bajo el techo del taller de McLaren en aquel explosivo 2007, el británico y el español nunca estuvieron tan a la par como esta temporada, en la que Mercedes trata de corregir la deriva de su W14 y Aston Martin sigue alucinando con lo redondo que va su AMR23. Si la historia entre ambos se llevara a la televisión, el primer episodio rememoraría aquel Gran Premio de Canadá de 2007, en el que Hamilton estrenó su casillero de triunfos en el Mundial, en un fin de semana en el que comenzó a dar pistas muy evidentes de lo que vendría en los siguientes 15 años. En aquella carrera, el asturiano, recién coronado con Renault (2005 y 2006), se vio holgadamente superado por un novato y eso le descolocó. El resto de la historia es sabida por todos, sobre todo por Ferrari y Kimi Raikkonen, que agradeció el pique fratricida y se llevó el título, el último que luce en Maranello a día de hoy.

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