Balones a Llull. Esa fue la táctica y el acierto del Madrid en el último cuarto. Sobre todo porque al Barcelona le entró una tiritera tremenda ya que por el aro no parecía siquiera que pudiera entrar una pelota de tenis. Pérdidas absurdas y precipitaciones que penalizó Llull, un jugador que se las sabe de todos los colores, que no entiende lo que es la presión. Tres triples suyos unidos al físico de Tavares pusieron con seis puntos de ventaja al Madrid cuando quedaban dos minutos. Pero Sanli y Mirotic hicieron chof desde el perímetro y Laprovittola cogió las riendas. Una demostración de baloncesto y carácter que bastó para darle la vuelta al duelo, 86-85 con balón para el Madrid a falta de seis segundos. Llull, claro, asumió la responsabilidad, pero ya no pilló por sorpresa a los azulgrana, tampoco a un Mirotic que llegó a la ayuda para evitar la canasta, para que el Barça venciera. En 16 ocasiones un equipo comenzó la final con una serie por 2-0 y en todas ellas la ganó.

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