Habla Alcaraz cuando ya ha pasado el calentón y han bajado revoluciones. El chasco es grande pero, dice, también le sirve de lección. Djokovic es mucho Djokovic y de aquí en adelante, retos tan mayúsculos como el del serbio exigen de un plus. “Toca entrenar más y usar la experiencia de este partido para que cuando vengan situaciones como estas, sepa manejarlas mejor de lo que lo he hecho”, introduce el murciano ante los periodistas, dolido por quedarse sin final y por cerrar el torneo de esta forma, torpedeado por su propio cuerpo. Se refiere a las rampas, a los calambrazos que empezaron a apoderarse de él en el segundo parcial. “Primero la mano, luego las piernas y al final prácticamente todo”, concreta el todavía rey del circuito, traicionado otra vez por su propio físico.

