Habla Carlos Alcaraz de la siesta, de esa costumbre que él practica de manera religiosa, innegociable antes de los partidos. Media hora de reconfortante sueño, no más. “Es muy importante hacerla y caracteriza prácticamente a todos los españoles. A mí me ayuda mucho para estar descansado y para tener luego energía durante el partido”, cuenta el número uno, satisfecho tras resolver un incómodo encuentro con el japonés Taro Daniel, resuelto por la vía funcionarial, con eficiencia y cabeza fría (6-1, 3-6, 6-1 y 6-2, en 2h 26m) después de un despiste que le ha costado un set, mancha sin excesiva trascendencia en dirección al choque de la tercera ronda con el canadiense Denis Shapovalov.

