Pocas veces se ha visto, u oído, a un Carlos Sainz tan cabreado como hoy en Mónaco con su equipo. Desde aquél famoso «stop inventing» en Silverstone, en el que desoyó las indicaciones del equipo y atacó a Leclerc con mejores neumáticos para firmar su primera victoria, no se veía este perfil duro de 55.

