En su segunda temporada en los banquillos, en 2004, a Ambros Martín (Arrecife, Las Palmas; 55 años) le llegó una oferta de Navarra, donde le conocían bien porque allí había sido campeón de todo en su etapa de jugador. Pero la propuesta no era de su exequipo, el ya extinto San Antonio, sino del Itxako, un equipo femenino de Estella. Y dudó. No conocía prácticamente nada del balonmano practicado por mujeres, apenas había visto partidos. Algún nombre y poco más. Así que descolgó el teléfono y buscó consejo en dos técnicos referentes: Jordi Ribera y Manolo Cadenas. “Vete. Al final, es balonmano. Olvídate de si es masculino o femenino. Si quieres ser entrenador, ahí tienes una opción”, le recomendaron, según desveló el propio Ambros tiempo después.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *