<strong>Hace casi veinte años Fernando Alonso</strong> y yo pasamos una noche hablando sin dormir. Volvíamos de Sao Paulo, después de aquel podio que acabó en el hospital. Él tenía algunos dolores después de comerse la rueda de Webber. Vino a turista a verme y acabamos en primera. Su mánager de entonces, el añorado Adrián Campos, dormía plácidamente. Hablamos un poco de todo, y también de que un periodista no tiene porque ser amigo íntimo de una estrella del deporte. Buena relación, pero cada uno en su casa… Había un respeto recíproco. Y una misión, convertir la Fórmula 1 en un deporte de masas en España.

