«Sí hay», responde cuando nos preguntamos si existe una persona más importante en su <strong>Embalse</strong> natal. «Mi mamá», añade sin olvidar el día en que, a los 11 años, tuvo que reprimir sus lágrimas hasta que no arrancó el taxi que le iba a llevar hasta <strong>Buenos Aires</strong>, a 700 kilómetros, para que la separación de <strong>Lelia</strong> no resultara más traumática aún. No quedaba otra para perseguir su sueño de ser futbolista, que en ese momento se avistaba en el horizonte de un <strong>Barcelona</strong> al que ahora pretende discutirle su liderato. Sin embargo, la llamada que cambiaría su vida sería la de <strong>Simeone</strong>, el más convencido de que marcará una época en la banda del <strong>Atlético</strong>. Los inicios no fueron fáciles, pero con su corona de campeón del mundo incluida, ya nadie duda de que <strong>Nahuel Molina</strong> transita por el camino correcto.

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