¿Les he explicado alguna vez mi teoría circular del fútbol? Yo diría que todavía no conocen esta parte de mi pensamiento científico de este juego y que se podría formular de la siguiente manera: “Si hay un gol en el minuto 10 del partido, habrá también uno en el 80″, de modo que los momentos del primer y el segundo tiempo se van solapando de forma no siempre exacta pero sí casi perfecta, haciendo que el tiempo se pliegue en el minuto 45. No voy a traer aquí los innumerables datos que confirman mi teoría y que me permitían pensar en mis días de portero (hay que ver el tiempo que tienen los porteros para pensar a lo largo de un partido y lo mal, o raro, que lo utilizan) que si estábamos por detrás en el marcador por muy mal que estuviéramos jugando, había esperanza para recortar la diferencia, siempre que el gol se hubiera producido en la primera parte. Y, al revés, activaba al máximo las alertas cuando nosotros íbamos por delante y teníamos el partido controlado, pero en mi mente había una lucecita que avisaba de que un gol iba a caer y no se sabía en qué lado del marcador.

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