Pelea con orgullo hasta el final”, rezaba una pancarta desplegada en el fondo donde se acomodan los hinchas más fervorosos del Bayern. Obligado a remontar los tres goles que le endosó el Manchester City en la ida, el duelo medía la heráldica y la épica de un club que ha escrito parte de su leyenda en noches de partidos imposibles. Al volcánico partido que propuso Tuchel sobrevivió el City. La resistencia no suele conjugar con los equipos de Guardiola, acostumbrados a difundir un fútbol expansivo más que retráctil. Anoche se vio obligado por el ímpetu del Bayern. Salió con un empate a uno de la caldera que fue el Allianz Arena y pudo levantar la mano para citarse con el campeón en las semifinales con Haaland en la cabeza. El noruego le dio vidilla al Bayern fallando un penalti mediado el primer acto, pero después impuso el silencio en el segundo con el gol que enterró cualquier posibilidad de que el voluntarioso Bayern gestara otra página para engordar su mística. De nuevo se dará un Real Madrid-Manchester City bajo el recuerdo del enfrentamiento del curso pasado. De nuevo, una final anticipada entre los dos clubes erigidos como los próceres del fútbol europeo.

