En la última final de la Champions, cerca ya del minuto 90, Rodrygo Goes se acercó a Carlo Ancelotti y le recordó que le había prometido jugar algo contra el Liverpool. El brasileño había resultado providencial para que el Real Madrid estuviera allí, aunque no terminaba de hacerse con un puesto en el once inicial. Como este curso. Hasta estas últimas semanas, en las que se ha instalado en el pelotón alistado en las grandes noches: la vuelta de la semifinal de Copa contra el Barça en el Camp Nou, la ida contra el Chelsea y la vuelta en Stamford Bridge, donde marcó dos veces jugando desde el principio. Ya no es solo aquel revulsivo asombroso.

