Sin aliados en España, después de dinamitar la relación con el presidente de LaLiga y tras distanciarse del Real Madrid, Joan Laporta miró a Europa. En más de dos horas de comparecencia, el presidente del Barcelona no ofreció explicaciones sólidas para justificar el pago de 7,3 millones entre 2001 y 2018 a empresas relacionadas con el entonces vicepresidente del Comité Técnico Arbitral, José María Enríquez Negreira. Sin embargo, buscó tender un puente con la UEFA. No fue casual la actitud del máximo directivo azulgrana. Distanciado del organismo europeo desde que el Barça se atrincheró junto al Madrid y la Juventus en la creación de la Superliga, Laporta apostó por la vía del diálogo con Aleksander Ceferín, el presidente de la UEFA. Por eso reclamó y se aferró el presidente del Barça a la presunción de inocencia. Un llamamiento a la UEFA a respetar los tempos de la justicia ordinaria para ganar tiempo y poder así regatear la posible sanción que agudice, aún más, su delicada situación deportiva y económica.

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