Con un boom llegó Eliud Kipchoge, un niño de 18 años entonces, al gran atletismo, terciando en la apuesta entre dos de los más grandes, El Guerruj y Bekele, dioses entonces, el mejor de la historia en 1.500m, el mejor en 10.000m, y venciéndolos a ambos en los 5.000m del Mundial de París 2003. Veinte años después, el dios es él, el mejor maratoniano de la historia, y hace mucho que él se considera, y todo el mundo con él, su único enemigo, y el maratón de Boston, los 42,195 kilómetros corridos a 20 por hora donde busca, como todos los héroes trágicos, la derrota que le libere.

