”A pensar en jugar, que es lo que le moviliza”, advierte Diego Pablo Simeone, sabedor de que el fútbol siempre fue una vía de escape para las crudas realidades que ha tenido que vivir Ángel Correa (Rosario; Argentina; 28 años). La última, el fallecimiento de su madre la semana pasada. El carisma del menudo atacante argentino ha expandido su duelo por todos los estamentos del Atlético. Compañeros, cuerpo técnico, dirigentes y empleados se han volcado en el arrope de Angelito. El cariñoso diminutivo con el que le menta cualquiera que tenga cierto roce con un futbolista tan golpeado por la vida.

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