<strong>Jon Rahm entra por la tupida carretera de Magnolia Lane</strong>, y mientras atraviesa en el Mercedes todoterreno que le ceden a los jugadores del Masters de Augusta durante la semana los 61 magnolios a cada lado del asfalto, le dice a Kelley, su mujer, mientras mira a la izquierda: «Mira, el mejor chip-green del mundo y no podemos usarlo». Y ella le recuerdo que ya lo ha oído tantas veces como han llegado juntos hasta el escenario del primer grande del año, el más especial probablemente, el único que no cambia de escenario jamás.

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