Cuando el tiempo es moderadamente agradable, las salidas de las carreras suelen ser una burbuja, pero no esas en las que se encierran los futbolistas, por poner un ejemplo extremo, hechas de cristal blindado. Entre bicicletas, desde que Armstrong desapareció del mapa, se relajaron las malas costumbres, se cubrieron las trincheras, se retiraron las barricadas, buscaron otro trabajo los guardaespaldas, y los ciclistas regresaron a los buenos hábitos de sonreír y hacerse fotos con los aficionados. Cuando se bajan del autobús, que esa es otra, porque los asientos son mullidos y hace calorcito, que en Vitoria el termómetro no subía de los diez grados. Sólo la pandemia hizo regresar algunas precauciones.

