Durante la arenga del técnico Jesús Velasco se quedó un poco al margen, entero, en silencio, con la procesión por dentro. Pero cuando ya vio que sus compañeros estaban a punto de salir a la cancha, justo cuando se descorchaba el espectáculo de luces previo a la final de la Copa del Rey, Sergio Lozano (Madrid; 34 años) se quebró, de nuevo lágrimas de dolor por lo que podía ser y no era, porque su rodilla derecha le había vuelto a jugar una mala pasada. Testarudo como es, el Búfalo no quiere acabar así su carrera, pues se niega a que la cuarta rotura de ligamentos en la articulación le exija abandonar el balón. Eso, dice estos días por el vestuario, lo decidirá él, ni que sea tocando una vez más la pelota con la zamarra azulgrana. Es el capitán, el que lo ha ganado todo y siempre quiere más, el ejemplo del camerino, también el compañero al que el Barcelona le dedicó su octavo laurel de la Copa tras apear al Jimbee Cartagena (3-4) en la prórroga, supremacía absoluta en la competición porque les siguen el Inter y El Pozo con dos.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *