El Madrid arrancó su largo desierto liguero con una sesión terapéutica para Karim Benzema, su estrella necesitada. A la espera de señales convincentes del francés en las pocas jornadas de verdad que le restan al equipo blanco este curso, el Balón de Oro dibujó después de muchas penurias una sonrisa gracias a un triplete en menos de siete minutos. Mimos para su fútbol y alimento para su estadística a costa de un Valladolid que empezó con buen trazo y cerró el choque con dos palos, pero desplumado en un cuarto de hora debido a su flojera defensiva.

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