Más rápido, más alto, más fuerte. El golf saca músculo para lucir el lema olímpico. Bolas que vuelan a más de 400 metros con el golpe de salida, que se tragan dos terceras partes del hoyo y que superan los 300 kilómetros por hora. El deporte que alumbró a artistas como Seve Ballesteros, capaces de crear efectos con la magia de sus manos, hoy es un concurso de pegadores que revientan la bola a cañonazos. Año a año, la distancia que los golfistas conquistan con sus drivers de última generación aumenta con la misma constancia que la velocidad de sus proyectiles. El último ejercicio completo, 2022, registró la media más alta en la historia del circuito americano (PGA Tour) en metros ganados con el palo más potente: 274. También el promedio de velocidad de la bola más elevado registrado nunca, 276,5 km/h. Suena de nuevo la alarma.

