En el interior de un restaurante localizado en Londsdale Street, en pleno centro de Melbourne, un hombre de facciones angulosas y su pareja saborean un plato que consiste en una argamasa de tiras carne, verduras salteadas y salsa de yogur envuelta por un pan de pita. Se expresan en inglés y después saltan al griego, aunque ambos, de mediana edad, se definen como melbourners; es decir, orgullosos ciudadanos. “Nacimos aquí, pero nuestras raíces están allá”, comentan mientras apuran el souvlakis que sirve este negocio hostelero fundado en 1978 y por el que se ha dejado caer alguna que otra vez Stefanos Tsitsipas, desde ayer, finalista del Open de Australia. En la misma calle se pueden encontrar otros comercios griegos y a la entrada del complejo de Melbourne Park, donde transcurre el torneo de tenis, hay otro elemento llamativo.

