Ocurrió durante el estreno de España en el pasado Mundial, con un marcador tan abultado que la razón aconsejaba revolotear en círculo y evitar los juicios por combate: un balón dividido, un coloso costarricense que se lleva por delante a Laporte, y Gavi, en apariencia contemplativo desde la distancia, se lanza como un poseso para ajustar cuentas con aquel dios de ébano y músculos acerados. Pedri, que tiene esa cara de no enterarse de nada, pero está en todo, lo detiene a escasos metros del conflicto mientras le grita: “¿Adónde vas?”. Entonces se ríe Gavi, que echa otro vistazo al contendiente e improvisa un gesto de alivio, como de no haber calculado fríamente la medida de sus posibilidades.

