<strong>En Moaña, si no eres Iago Aspas, el futuro está en el mar.</strong> Los sueños se construyen con nasas o con remos. Rodrigo Conde, que nació cuando los veraneantes plegaron las sombrillas en A Xunqueira, allá por septiembre de 1997, abrazó el deporte y no el marisqueo. Ahora, junto a Aleix García, aspiran a ser los primeros medallistas españoles en el deporte que sólo tiene una plata en el palmarés olímpico nacional, la plata lograda por Lasurtegui y Climent en Los Ángeles 84. Su hoja de servicios, aún por escribir, 21 tiene su compi, tiene una plata europea y otra mundial en un periodo de sincronización asombroso: apenas año y medio. Una línea recta hacia París, que antes fue una sucesión de meandros y que tocó fondo en 2021 cuando, a cinco meses de los Juegos de Tokio, renunció a ellos por un motivo vital. Conde se había cansado de la salvaje exigencia del peso ligero.

