El Atlético se presentaba a la cita más necesitado que el Barcelona y con la oportunidad de acortar la distancia con la cabeza de la tabla. Desde la alineación, Diego Pablo Simeone parecía apostar por un equipo atrevido, con Koke y Pablo Barrios a los mandos, a priori Marcos Llorente y Carrasco en los costados y João Félix y Griezmann en punta. Un once que invitaba a pensar en un equipo para no extrañar la pelota. Sin embargo, de la coctelera táctica de Simeone emergió un extraño plan defensivo. El preparador argentino sacó a Nahuel Molina del lateral para convertirle en una especie de tercer central encargado de marcar a Pedri. Un sorprendente marcaje individual que delató que el Atlético se preocupaba de inicio por defender más que de atacar. Una idea fatídica que duró media hora y fue definitiva para el resultado final. El movimiento, además, llevaba a Marcos Llorente a desempeñarse de nuevo como lateral derecho.

