Cuando Aurélien Tchouameni derribó a Bukayo Saka en el área, con Francia ganando 1-2 a Inglaterra, la elección más obvia para tirar el penalti parecía Harry Kane. El capitán, y uno de los mejores lanzadores de la historia. En aquel minuto 84 acreditaba un acierto del 86,9%, cuando la media general es del 76%. Entre el Tottenham y la selección inglesa, y sin contar las tandas de desempate, había tirado 61 veces desde los once metros, y había acertado en 53. La última, solo media hora antes, cuando había igualado el encuentro (1-1). Era la mejor idea, pero también era la peor idea que chutara dos veces seguidas, y sobre todo que lo hiciera a Hugo Lloris, compañero en el Tottenham. Y Gareth Southgate lo sabía.

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