Los jugadores de Marruecos se arrodillaron ante su masa mientras Ronaldo se marchaba sin esperar a nadie, llorando después en el túnel de vestuarios. Marruecos había derribado la historia al convertirse en la primera selección africana y árabe en alcanzar las semifinales de un Mundial; mientras el equipo luso, con un magnífico ramillete de futbolistas, se había calcinado en la hoguera de su rival y en la propia después de una concentración que voló por los aires con el siete (suplente de nuevo y reclutado de urgencia ante la crisis) en el centro de todos los pleitos internos.

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