La policía y el tiki-taka. Dice el dicho que “no se debe robar una vela para leer la biblia”. De modo que, sin olvidar la corrupción como pecado original que nos trajo hasta aquí, es hora de reconocer que el de Qatar es un gran Mundial. Organización irreprochable, estadios maravillosos, juego de alto nivel. También emociones que solo el fútbol puede producir concentradas en pocos kilómetros cuadrados, sin grandes incidentes que lamentar. Hablar bien de Qatar es tan arriesgado como criticar a los equipos que tienen mucha posesión de balón. Pero es tan cierto que Doha es en estos días una gran fiesta gracias al fútbol, como que Marruecos le regaló el balón a España para terminar ganándole lícita y épicamente. Para seguir mezclando cosas de distinta naturaleza, no me gusta que Occidente sea la policía cultural del mundo sin tener en cuenta contextos geográficos e históricos, ni tampoco el tiki-taka masturbando la pelota sin llegar al orgasmo.

