Habrán oído mil veces que el fútbol es como la vida. Se trata de un tópico innegablemente cierto. Podríamos ofrecer muchos ejemplos, pero hoy nos centraremos en uno: el delito. El fútbol internacional, el de las grandes competiciones, ha evolucionado igual que las sociedades más avanzadas: reduciendo el pequeño atraco callejero, con frecuencia asociado a la violencia y equiparable al patadón alevoso, y elevando el latrocinio a la categoría de arte de altísima rentabilidad.

