Siempre que se sortea el calendario de una gran cita futbolística ocurre lo mismo. Los aficionados lo estudian con fruición y comienzan a hacer <strong>cábalas sobre qué selecciones quedarán primeras de grupos, las que serán segundas, las que quedarán eliminadas</strong>. Los cruces salen solos. Primero los octavos, luego los cuartos, semifinales y final. De tal manera que meses antes de que se dispute el campeonato ya hay una final imaginaria y, por su puesto, un campeón.

