Hace poco comenté en este espacio los líos que se está armando el fútbol con el tiempo, y que nos llevarán irremisiblemente al reloj parado, tipo baloncesto. Este Mundial lo está demostrando. De sopetón nos hemos encontrado con añadidos tremendos, que difícilmente bajan de cuatro minutos en la primera parte y con facilidad superan los 10 en la segunda, que concentra los cambios y las pérdidas de tiempo de los que están conformes con el resultado. Es algo que despista y extraña. No hace tanto que el añadido de cinco minutos en la final de Lisboa escandalizó a los atléticos, porque en la época rara vez se añadían más de tres. Ahora se han disparado los alargues.

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