Salir derrotado de unas Finales de la NBA puede dejar cicatriz. Incluso de forma paradójica obligar al vencido a sufrir las fases de duelo, pese a que el vacío que causa esa derrota se nutre más por la expectativa previa de alcanzarlo que por el hecho de haber perdido algo ya conquistado. Esa derrota a las puertas del cielo genera, en el fondo, una particular y profunda sensación de pérdida.

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