¿Cuáles son los criterios que se establecen para elegir entre diversos males? ¿Cómo saber cuál es el “menos peor” de todos? Es algo así como el siniestro juego de carretera entre amistades que van a la playa: “¿Qué prefieres?”. Una pregunta que siempre va acompañada de imaginativas formas para complicar la decisión final. ¿Machucarse la mano con un cajón o golpearse el dedo del pie contra la cama por la mañana? Al momento de establecer esa clase de criterios respecto de dolorosos recuerdos —de cualquier naturaleza— las risas rápidamente se disipan.

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