De brazos cruzados sobre la alargada mesa de uno de los dos salones del fastuoso centro de prensa destinados a las comparecencias de los seleccionadores, Luis Enrique desveló cuando se siente más auténtico. Tras la goleada ante Costa Rica, la lluvia de elogios ha inoculado en España tantas dosis de tranquilidad alrededor del seleccionador y del jugador que aletarga el espíritu guerrillero del técnico.

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