Simulacro de fútbol. En países con tradición, el fútbol dialoga con otros saberes porque a 150 años de su nacimiento es lícito incorporarlo a nuestro patrimonio cultural. Más aún, damos por sentado que el fútbol es un buen simulador de la vida. Dentro de un partido habita la ilusión, la incertidumbre, el miedo y todas las pasiones humanas sin que las consecuencias afecten a nuestra existencia. Solo afectan al humor. De modo que cuando uno llega a un Mundial espera que, como buen simulador, el fútbol exagere la vida. Lo que jamás podíamos imaginar es al fútbol simulándose a sí mismo. El ejemplo por antonomasia son las patéticas hinchadas que gritan por las calles a cambio de un sueldo. Pero Qatar se quitó el disfraz el primer día. Su selección abrió el campeonato con una actuación desilusionante, pero eso puede pasar. Lo que es más difícil de entender es que la hinchada abandone el estadio en el entretiempo.

