Toca decir ahora que el Mundial de Qatar es una vergüenza. La Capilla Sixtina de la violación de los derechos humanos. Una auténtica mierda de la que no podrá disfrutar sin sentirse culpable. También es verdad que llega usted algo tarde. Ya lo hemos dicho todos los periodistas, algunos políticos y hasta Héctor Bellerín, cuando constató que ni iba convocado ni le esperaban como recambio por lesión. Si han visto el fantástico documental de Netflix (Los entresijos de la FIFA) estos días, queda poco que añadir a lo evidente. Pero, ¿y si Qatar fuese solo el reflejo de lo que vemos cada fin de semana? Mejor todavía: ¿y si fuese una grieta en el sistema para cambiarlo desde dentro? Porque este Mundial, sin ninguna duda, va a acabar con las migajas de reputación que le quedaban a la FIFA y ha convertido en un despiadado Gran Hermano el cortijo de los emires. Pero, no nos engañemos, tampoco es tan distinto a lo que muestra este negocio el resto del año.

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