El Barça llegó tarde a la final de Turín, seguramente por un exceso de confianza, y ya no pudo alcanzar al Olympique de Lyon, más rápido, más puñetero, más competitivo y más equipo, porque al fin y al cabo lleva mucho más tiempo que el azulgrana como bandera del fútbol femenino en Europa. Las francesas encontraron en su duelo con las barcelonistas un desafío único para reivindicar la tradición y el peso de la historia, ocho veces campeonas, cinco de forma consecutiva, frente a un adversario que de alguna manera se había apoderado del megáfono mediático después de su éxito reciente en Gotemburgo en 2021. El boato confundió al Barcelona y estimuló al OL.

